sábado, 28 de mayo de 2011

El Siglo de las Luces

Por fin hemos llegado a la última parada en nuestro recorrido literario: la Ilustración.
La Ilustración comienza en Francia  en el S XVIII, aunque más tarde se extiende por toda Europa. Está muy relacionada con otra época que ya hemos estudiado en profundidad. Pero ... ¿os parece si seguís leyendo y al final haceis vuestras propias deducciones?
Si nos paramos a pensar en el Barroco o incluso antes,en la Edad Media, nos daremos cuenta de que todo estaba rodeado de un ambiente de oscuridad y decrepitud; sin embargo este siglo se caracteriza porque supone un cambio en la visión del mundo, ahora mucho más optimista y llena de luminosidad . Pero...¿cómo pudo darse este cambio tan drástico? La única respuesta posible es a través de la razón.Según las ideas ilustradas, el hombre puede comprenderlo todo a través de su inteligencia; la razón pretende proporcionar cultura y conocimiento a la humanidad y  todo ello le proporciona felicidad.  Lo que no es racional debe ser rechazado como algo inútil. Es por todo ello que conocemos a este siglo como el SIGLO DE LAS LUCES, refiriéndose a las luces de la lógica y de la inteligencia, que debían iluminarlo todo. Es comprensible entonces que todo este racionalismo llevara a la lucha contra las supersticiones que tanto habían dominado épocas anteriores. En este siglo se termina con la denominada " caza y quema de brujas" .
Cabe destacar a muchos intelectuales , tales como Voltaire, Rousseau o Motesquieu, que aportaron su sabiduría y capacidad para llevar al mundo hacia el progreso.
Con respecto a la religión, la postura racionalista ayudó a la aparición del DEÍSMO; la mayoría de los ilustrados son deístas que afirman la existencia de un Dios creador y justo, pero consideran que el hombre no puede entrar en contacto con la divinidad y por tanto no sabe nada de ella, aunque también existían otros que se consideraban ateos
Por último, y con respecto a la política, los monarcas de la época aceptaron las ideas propuestas por la Ilustración y dieron origen al despotismo ilustrado, cuyo lema era "todo para el pueblo pero sin el pueblo". Los monarcas se preocupaban por aportar modernidad a su país siguiendo las ideas ilustradas, pero sin dejar participar al pueblo en ninguna decisión. Fue un modo de gobierno que en su término dio lugar a un nueva forma de concebir la vida.
En fin, una época muy interesante y apasionada llena de momentos en los que la cultura toma relevancia..  Y por cierto, me imagino que ahora sí que podreis relacionar a la Ilustración con esa época anterior de la que hablábamos al principio ¿no?

viernes, 25 de marzo de 2011

Barroco nuestro

Nos disponemos a empezar un recorrido por la literatura barroca, y me gustaría que antes de todo mirásemos a nuestro alrededor para conocer algunos aspectos sobre el Barroco. Este estilo artístico se desarrolló durante el siglo XVII y gran parte del XVIII pero algunas de sus principales características cuajaron de tal modo en nuestra tierra que siguen presentes. Nos vamos a centrar en cuatro de ellas: la exhuberancia, los contrastes, las apariencias, y el teatro.

El Barroco es exhuberancia, el artista crea su obra recargándola al máximo; después del equilibrio y la sencillez del Renacimiento el Barroco busca complicarlo todo, hacerlo más llamativo y vistoso. ¿Dónde podemos percibirlo? Pensemos por ejemplo en nuestra Semana Santa, en los pasos que procesionan en esos días: los respiraderos, los palios y bambalinas, los candelabros, los mantos y faldones, los adornos florales, son todos elementos que buscan la complejidad: cuánto más decorados están más se valora y aprecia su riqueza artística y estética. No sólo las manifestaciones religiosas están impregnadas de elementos barrocos. Vayámonos a las ferias y fiestas que celebramos en nuestros pueblos; engalanamos las casetas con encajes y más encajes sobre los que se colocan todo tipo de adornos buscando de nuevo lo complejo y recargado; los típicos vestidos de flamenca aglutinan formas que se retuercen y colores que se entremezclan. Y qué decir de la fiesta taurina, barroca en cada detalle, desde los trajes a los cosos taurinos.

El Barroco fue también arte de contrastes y opuestos, quizás porque el siglo XVII se debatía entre los movimientos de avance y apertura, iniciados en el Renacimiento, y las doctrinas favorables a mantener las ideas tradicionales. ¿Acaso no es la nuestra una tierra de grandes contrastes? La alegría del carnaval da paso a la solemnidad y el recogimiento con el que preparamos los cultos cuaresmales, y vuelve después en ferias y verbenas; la propia Semana Santa mezcla en calles cercanas hermandades de negro y silencio con otras en las que la música y el jaleo son parte de su esencia; Triana y Macarena, ¿Betis ó Sevilla? En verano el sol y el calor nos empujan al frescor del agua del mar, disfrutamos con una cocina fresca y ligera, a base de gazpacho, aliños y pescaíto frito; en otoño buscamos los pueblos de las sierras, nos adentramos en sus bosques dorados y cobrizos y preferimos una gastronomía con guisos y carnes. ¿Chacina ó marisco?, ¿vino ó cerveza? Son sólo algunos ejemplos de las diferencias que nos acompañan en nuestra vida diaria.

En el siglo XVII el concepto de apariencia tiene gran relevancia social y cultural: no era tan importante qué era algo, quién era alguien, sino lo que aparentaban ser. Era una época de crisis económica, política, a nivel de valores, y la gente se negaba a aceptar la realidad; fingía que las cosas marchaban bien cuidando mucho su imagen. Recordad, por ejemplo, cómo a mediados del siglo XVI los amos de Lázaro de Tormes quieren aparentar una situación muy distinta a la que viven. ¿Pensáis que hoy día vivimos un momento y en un lugar en que las apariencias son importantes? ¿La sociedad actual, tan preocupada por la imagen y el poder, y las costumbres de nuestra tierra, tan dadas a etiquetar a las personas por su apariencia, nos permiten ser y mostrarnos como realmente somos ó nos llevan a aparentar algo diferente? Son preguntas que invitan a la reflexión y el debate, y que nos presentan una semejanza más con el Barroco.

¿Y qué decir del teatro? El siglo XVII marcó el éxito definitivo de este género literario, con grandes autores y obras. Y el teatro, está en la esencia misma de nuestro modo de vivir. Ya sea, por ejemplo, la forma de manifestar nuestra religiosidad, ya sea la manera de celebrar nuestras fiestas, siempre hay una serie de aspectos que las convierten en auténticos espectáculos de cara al exterior: hay ropas y comidas especiales, música y bailes tradicionales, ceremonias y actos concretos. Un desfile procesional en Semana Santa, las romerías campestres, las fiestas de la vendimia y patronales, las ferias de los pueblos, todos son acontecimientos que parecen escenarios teatrales en los que se muestra nuestra forma de entender la vida.

Exhuberancia, contrastes, apariencias, teatro, cuatro aspectos importantes del estilo artístico barroco que también sirven para describir cómo vivimos en esta zona de Andalucía.

martes, 8 de febrero de 2011

REDNACIMIENTO

Iniciamos ahora, chic@s, el estudio de una nueva etapa literaria, el Renacimiento, y existen varias coincidencias entre esa época y la actualidad debido a dos inventos muy importantes, la imprenta e internet. La imprenta fue inventada por Gutenberg a mediados del siglo XV. Antes de ese hecho la difusión de la información, el conocimiento y la cultura era un fenómeno aislado y lento. Los libros eran manuscritos en lugares concretos, se utilizaban materiales caros, y requerían la preparación de personas muy instruidas y cultas, los escribanos. Esos aspectos motivaban que fuesen escasos los ejemplares que se copiaban y por lo tanto lo recogido en ellos estaba al alcance de unos pocos privilegiados, se tratase de conocimientos ya existentes o de los avances que se iban produciendo.

La llegada de la imprenta cambiaría por completo la situación, provocando la expansión de todo tipo de conocimientos e ideas, y una progresiva democratización de la cultura. El siglo XVI fue una época de continuos descubrimientos en las distintas ramas del saber y de nuevas formas de pensar e interpretar la realidad, y la imprenta se convirtió en la perfecta aliada para la mayor y más rápida difusión de todo ello. Ya no era necesario copiar libros a mano, gracias a ella era posible realizar el número de ejemplares que se deseara, con la utilización de los tipos, la tinta y el papel. Esas copias llegaban a más países, a más escuelas y universidades, a más personas, y transmitían con rapidez los avances científicos, tecnológicos, y geográficos, los planteamientos filosóficos y religiosos. El renacer sociocultural del siglo XVI fue posible gracias a las casas de impresión que surgieron a lo largo de toda Europa. La información, el conocimiento y la cultura al alcance de muchos.

Una historia muy parecida a la que estamos viviendo actualmente con internet. Hasta hace poco tiempo el acceso a la información y al conocimiento se producía principalmente a través de medios escritos en papel: libros, revistas, periódicos, enciclopedias, etc. Después llegaron innovaciones en el ámbito audiovisual, y por último los medios digitales, como los DVD o los CD-ROM. Sin embargo la gran revolución se inició a finales de la última década del siglo XX con la creación de una red virtual de comunicación e información, internet, de la cual estamos siendo protagonistas activos. Internet ha transformado de forma radical la forma a través de la cual accedemos a la información: hoy es posible, desde el salón de una casa, desde un aula del colegio, desde la playa o el parque, acceder a los fondos y archivos de cualquier gran biblioteca, museo o universidad, con rapidez y comodidad. Todo lo que merece la pena conocerse está en la red, y casi prodríamos decir aquello de que lo que no está es porque no existe. Disponemos de un inigualable instrumento para comunicar, documentarnos, ampliar la información sobre un tema determinado, realizar proyectos académicos y de investigación, ... todo un mundo de posibilidades al alcance de un click. Es por ello que podríamos hablar de nuestros tiempos como un verdadero rednacimiento.